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lunes 16 febrero 2026
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Alquileres de 1.000 euros y contratos de seis meses: «El 90% de los anuncios son una estafa y solo te quieren en invierno»

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Encontrar un hogar en Fuerteventura para todo el año es misión imposible: precios abusivos, inseguridad jurídica y falta crónica de vivienda pública.

Fuerteventura se está convirtiendo en un decorado de cartón piedra: precioso para visitarlo, imposible para habitarlo. La isla de las playas infinitas y el clima eterno es hoy el epicentro de una crisis que amenaza con devorar su propio tejido social. Detrás de las cifras récord de turistas y la expansión de la oferta alojativa, se esconde una realidad dramática para jóvenes, familias trabajadoras y profesionales esenciales: no hay casas para vivir todo el año.

El testimonio de Soledad Aguilar, una veterinaria gaditana de 21 años, pone rostro a la estadística. Llegó a la isla en noviembre de 2025 para realizar prácticas y ha tardado casi tres meses en encontrar un techo. «Ha sido muy complicado. El 90% de los anuncios en aplicaciones eran estafas y las inmobiliarias directamente te decían que no tenían nada», relata. La solución, encontrada in extremis a través de la agencia local Yo Alquilo, es un parche temporal: un alquiler vacacional de seis meses en Puerto del Rosario por el que paga la friolera de 1.300 euros mensuales.

Un mercado roto: Precios de lujo para sueldos precarios

La experiencia de Soledad no es una anécdota. El mercado residencial en Fuerteventura está roto. Según el portal Idealista, los alquileres de larga duración para pisos pequeños o de una habitación oscilan entre los 900 y 1.200 euros. Las opciones «baratas», de temporada, rara vez bajan de los 800 euros y exigen fianzas y avales inasumibles para muchos. Compartir tampoco es una ganga: el precio medio de una habitación en la isla asciende a 566 euros, según un informe de Drago Canarias.

La presión es asfixiante. El informe Vivienda en Costa 2025 de Tinsa by Accumin revela que el precio medio del metro cuadrado en la isla es de 2.002 euros, disparándose hasta los 3.100 euros en inmuebles turísticos. Una demanda impulsada, sobre todo, por compradores internacionales de Italia y Bélgica.

El dilema del vacacional: ¿Culpable o chivo expiatorio?

Desde la inmobiliaria Yo Alquilo, Yoana Garrofé apunta al desequilibrio como la raíz del problema: «El problema no es la vivienda vacacional en sí, sino que haya más turísticas que residenciales». Garrofé advierte que la falta de control ha creado una sobreoferta que amenaza la propia sostenibilidad del destino: «Si no hay personas que puedan vivir aquí, tampoco habrá trabajadores que sostengan el turismo».

En el otro extremo, Javier Martín, gerente de la Asociación Canaria de Alquiler Vacacional (ACAV), califica de «falacia» culpar al sector. Con 6.318 viviendas turísticas censadas por el INE, Martín defiende que el verdadero problema es la falta de políticas públicas. «En Canarias no se construye vivienda social desde hace 15 o 20 años, y el parque público no llega al 1%», argumenta, señalando que el crecimiento poblacional (de 112.000 a 127.043 habitantes en una década) no ha ido acompañado de nuevas casas.

Respuestas institucionales ante la emergencia

Ante esta situación límite, las administraciones intentan reaccionar. Canarias cuenta desde noviembre con una nueva ley autonómica que limita el alquiler vacacional al 10% del parque de viviendas, prohíbe el uso turístico de VPO y veta los «pseudohoteles». Una norma que la ACAV considera «inviable» y diseñada para beneficiar a los hoteles.

En paralelo, el Cabildo de Fuerteventura ha anunciado una inversión de casi cinco millones de euros. Su presidenta, Lola García, ha comprometido 1,6 millones para la construcción de 176 viviendas en Puerto del Rosario y Corralejo, con el apoyo de fondos europeos Next Generation y suelo cedido por los ayuntamientos.

Mientras las leyes y los ladrillos llegan, la realidad de Fuerteventura es la de una isla que expulsa a quienes la hacen funcionar. Para Soledad y su pareja, la «casa preciosa» de 1.300 euros es un lujo insostenible. Su esperanza es encontrar algo asequible cuando se estabilicen laboralmente, pero la isla parece tener otros planes: «Muchas viviendas solo alquilan fuera de la temporada de verano o ponen tantas condiciones que al final no tienes opciones reales».

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