
Drago advierte que podría estar derivando en una base militar encubierta en un contexto de inestabilidad internacional
Fuerteventura cuenta con una instalación pionera en Europa, pero su gestión parece volar por debajo del radar de la opinión pública. Drago Canarias ha alzado la voz para exigir tanto al Gobierno de Canarias como al de España una transparencia total sobre el estratopuerto del Parque Tecnológico. Según los datos extraídos de la plataforma de contratación estatal, la infraestructura ya ha devorado más de 112 millones de euros repartidos en una veintena de licitaciones, sin que hasta la fecha se haya concretado qué retorno social o económico recibirá la ciudadanía.
La portavoz de la formación en la isla, Aceysele Chacón, ha calificado de «preocupante» que se manejen estas cifras astronómicas sin una hoja de ruta clara. Entre las partidas más polémicas destacan los 28 millones destinados a la gestión inteligente de emergencias y otros 24,5 millones para soluciones aeroespaciales bajo el programa «Canarias Geo Innovation 2030».
Un «hub» internacional bajo sospecha militar
Lo que sobre el papel es un centro de innovación, en la práctica se ha convertido en un centro de operaciones global. Actualmente, el estratopuerto sirve de base para aeronaves no tripuladas de países como:
Estados Unidos y Abu Dabi.
Alemania, Francia e Italia.
Irlanda y Turquía.
Para Drago Canarias, esta presencia internacional en el actual contexto de inestabilidad bélica es alarmante. La ubicación estratégica de las islas podría estar siendo aprovechada para convertir a Fuerteventura en una base militar de facto, dedicada a la vigilancia estratosférica, aprovechando que el territorio está alejado del continente europeo pero cerca de zonas de conflicto potencial.
«No estamos en contra del progreso, pero este tipo de infraestructuras debe repercutir positivamente en el bienestar y la autonomía de los canarios, no ser solo un escaparate para potencias externas.»
Aceysele Chacón, portavoz de Drago Canarias.
La brecha laboral: Sin formación para los majoreros
Una de las críticas más feroces de la formación se centra en el empleo. A pesar de la magnitud de la inversión, no se tiene constancia de planes de formación específicos que permitan a la población local trabajar en estas instalaciones de alta tecnología.
La preocupación de Drago es que el estratopuerto se convierta en un «gueto tecnológico» que obligue a importar personal especializado de fuera, mientras los habitantes de la isla quedan relegados a espectadores de una industria que ocupa su suelo pero ignora su bienestar.
La formación exige que, si el proyecto es realmente una vía para la diversificación económica, se empiece por dotar a los majoreros de las herramientas necesarias para liderar esta autonomía tecnológica, en lugar de servir como base logística para intereses ajenos.










