
La asociación insular organiza una protesta el 22 de julio en Puerto del Rosario para exigir una red de seguridad real
La paciencia del colectivo de trabajadores por cuenta propia en la isla ha llegado a su límite definitivo. Alrededor de 400 autónomos de Fuerteventura se están organizando para tomar las calles de Puerto del Rosario el próximo 22 de julio, en una movilización que promete hacer oír consignas duras como “Trabajo digno, respeto real” o “¡Basta ya!”. No se trata de un calentón pasajero, sino del hartazgo acumulado de un sector que ya el año pasado impulsó medidas drásticas como la huelga de datáfonos —que terminó contagiándose al resto del archipiélago— y que ahora denuncia una desprotección institucional insostenible frente a cualquier trabajador asalariado.
El motor de la protesta se centra en la asfixiante presión fiscal y, sobre todo, en una maraña burocrática que no para de crecer. Desde la Asociación de Autónomos de Fuerteventura, su presidente, Ariel Alpízar, lamenta que las administraciones miren para otro lado mientras ellos sienten que van hacia atrás. Entre las quejas más repetidas destaca la trampa que supone la figura del autónomo colaborador, pensada para las pequeñas empresas familiares tan comunes en los pueblos de la isla, pero que en la práctica obliga a los familiares contratados a renunciar a derechos tan básicos como el subsidio por desempleo o una jubilación digna.
El drama de las bajas médicas en el pequeño comercio
El verdadero talón de Aquiles para las pymes majoreras de la hostelería y el comercio es el coste de las bajas laborales por contingencias comunes. Actualmente, los autónomos tienen que asumir hasta el 50% del coste de estas bajas de sus empleados, un gasto fijo que las estructuras familiares de tres o cuatro trabajadores simplemente no pueden resistir y que acaba forzando cierres comerciales en cadena. El colectivo exige con urgencia que sea la Seguridad Social o el Estado quien cubra este colchón económico, garantizando una red de seguridad mínima para que arruinarse en un negocio no signifique perder de golpe la casa, el coche y todo el patrimonio personal.
La manifestación del 22 de julio busca forzar a la clase política a pisar la calle y conocer el día a día de quienes sostienen la economía local. Los convocantes recuerdan la paradoja a la que se enfrentan: a diferencia de otros sectores con sindicatos fuertes, ellos ni siquiera tienen un derecho real a la huelga, ya que bajar la persiana un solo día para protestar supone un agujero económico que muchos negocios de la isla no se pueden permitir. Pese a las dificultades, la marea de autónomos confía en que esta nueva movilización sirva de revulsivo para que las instituciones reaccionen antes de que el tejido comercial de Fuerteventura termine de asfixiarse.










